José Antonio López Espinosa
José Antonio López Espinosa
Cactus arbustivo de hasta 2 metros de altura, con tallos de ramificación dicotómica y segmentos aplanados, suculentos, más estrechos en la base y redondeados en el extremo, con forma característica de "pala”. Hojas por lo general casi inexistentes, reducidas a diminutas espinas, cortas y muy finas, de hasta 5 mm de longitud (aunque a veces más robustas y largas). Flores amarillas, de hasta 6 cm de diámetro, con pétalos y estambres muy numerosos, ovario ínfero. Fruto de tipo baya, con pulpa jugosa y dulce, que contiene numerosas semillas duras.
Ecología
Laderas soleadas, en lugares muy térmicos. Aunque está muy bien adaptada a las condiciones ambientales de la Región de Murcia más cálida, sólo se encuentra puntualmente como subespontánea o naturalizada. De forma general se presenta plantada, cultivada por sus frutos, en las inmediaciones de casas de campo. Florece en primavera, a mediados de junio, y los frutos maduran a lo largo del verano.
Distribución
Especie introducida, originaria de América central (suroeste de México), donde además de ser autóctona también se planta en las proximidades de las casas. En Europa se presenta ampliamente distribuida por la Región Mediterránea. En la Región de Murcia se distribuye por los pisos termo y mesomediterráneo, en ombrótipos semiárido y seco, de la mitad sur provincial y vega del Segura, también en cotas bajas y medias del Altiplano y del Noroeste, si bien se hace cada vez más rara en el interior.
¿Dónde encontrarla?
Hasta 2010 era muy común, en la comarca del Alto Guadalentín (Lorca y Puerto Lumbreras) era frecuente ver paleras plantadas junto a las casas rurales. Se trataba de una imagen típica de los caseríos de esta zona, usanza que se encontraba extendida en la Región, por lo que se podía ver casi en cualquier rincón de nuestra tierra. Sin embargo, actualmente, es mucho más rara y escasa, porque una plaga de cochinilla basta del carmín acabó con la mayoría de las paleras o chumberas murcianas; sólo sobreviven y dan frutos las que se cuidan continuamente, eliminando o controlando la proliferación de cochinilla en sus tallos.
Observaciones
Especie muy valorada en la Región de Murcia por sus frutos, los higos chumbos o higos de pala. Su recolección estaba muy extendida, siendo casi una tradición cuando llegaba la época. Los frutos se recogían de una muy forma simple, que combinaba partes de plantas y otros elementos más modernos, en concreto un tipo particular de envase, después de haber consumido el líquido que contenía, por tanto, reutilizando un residuo o basura. Los que se encontraban más altos solían cogerse con una caña (Arundo donax), que llevaba atado en su extremo un recipiente donde cabía exactamente el higo; con frecuencia se empleaba un bote metálico de cerveza o refresco abierto. Con guantes o una tenazas de brasero se manipulaban en el suelo, junto a las paleras, frotándolos con ramas de escobillas (Salsola genistoides), o bien hojas de albardín (Lygeum spartum), para eliminar la mayor parte de las espinas que recubren al fruto. Después, ya en casa, se lavaban con agua, para guardarlos en el frigorífico y que estuviesen frescos antes de pelarlos y comerlos.
Además, era de sobra conocido que si se limpian las paleras de higos en los días de San Antonio (13 de junio) y San Juan (24 de junio) estas producirían frutos en pleno invierno, al parecer mucho mejores que los de verano. Hay algo de superstición con hacerlo exactamente en esos días, pero unos antes o después producen los mismos resultados.
Cabe destacar que, en esta planta, al no disponer de hojas, reducidas a espinas diminutas en los clones de flores amarillas más extendidos, la función fotosintética recae en las “palas”, los tallos verdes, planos y gruesos. Este tipo de tallos recibe en botánica el nombre de cladodios.
Por otra parte, de un insecto que se alimenta principalmente de una especie muy próxima, de la tunera o nopal (Opuntia ficus‑indica), pero también de otras del mismo género, se obtiene, desde tiempos precolombinos, un colorante natural rojo intenso, muy resistente a la luz, con aplicaciones actuales en alimentación (E‑120), cosmética y tintes textiles. Se trata de la cochinilla del carmín (Dactylopius coccus), originaria de América central, un animal invertebrado muy valioso para la Nueva España de la época colonial, por el elevado precio que alcanzaba su pigmento, el carmín, que llegó a convertirse en una auténtica mercancía de lujo. Otro insecto muy similar es la cochinilla basta del carmín (Dactylopius opuntiae), que se detecta por primera vez en la Península Ibérica, en Murcia, durante 2007; posiblemente fue introducida de forma deliberada. Es una especie más agresiva, que origina una plaga de gran impacto, con efectos devastadores, hasta tal punto que fue capaz, en muy pocos años, de acabar con prácticamente todos los grupos de paleras plantadas junto a las casas de los campos murcianos, modificándose así, con su desaparición, el paisaje vegetal humanizado tradicional de la Región. Esta cochinilla se caracteriza por una estructura o capa blanca y filamentosa, que cubre y protege a las larvas y las hembras, dándoles un aspecto de bolas achatadas y “algodonosas”.
Otro gran cactus, relativamente común en Murcia, que se planta o plantaba con frecuencia, que persiste, se extiende o se naturaliza en los mismos ambientes, es Austrocylindropuntia subulata [Opuntia subulata]. Como las paleras, se ha cultivado formando grupos densos y altos, pero en este caso, en el territorio murciano, sí puede escapar completamente del control e interés humano, extendiéndose más allá del espacio destinado para él, invadiendo terraplenes y haciéndolos inaccesibles. Además, no se obtiene ningún verdadero aprovechamiento actualmente de esta planta, más que ornamental (en desuso) y sujeción de taludes (poco utilizado y hoy día no solo nada recomendado sino ilegal por su catalogación como invasora). Presenta tallos cilíndricos, con hojas crasas en los extremos, y restantes reducidas a espinas, mayores y más rígidas que en la palera; las flores son rojas, muy similares a las de la chumbera.
Por último, es muy importante exponer el gran potencial invasor de otras cactáceas, con dos ejemplos de especies ornamentales. El cardenche (Cylindropuntia imbricata subsp. rosea [C. rosea, C. pallida auct.]), de tallos cilíndricos estrechos, fuertemente armados por espinas blancas (blanco-marfil) muy largas y rígidas, con flores rosa-púrpura, fue un grave problema en la vecina localidad alicantina de Orihuela; para frenar su rápida expansión en la Sierra de Orihuela se tuvieron que ejecutar costosas medidas de eliminación y control, intentando lograr una erradicación que solo fue casi definitiva. En la Región de Murcia sucede un caso parecido en 2017, cuando se detecta una especie muy similar, el abrojo (Cylindropuntia tunicata), que es más baja, de hasta 50 cm, tiene espinas blanquecinas o amarillentas y flores amarillas; fue localizada en el paraje El Colmenar de Totana. Este cactus, plantado de forma puntual en una casa cercana, aparentemente escapó fácil del cultivo ornamental y habría alcanzado en un plazo corto, estimado en 5-10 años, un notable carácter invasor y transformador en 10 hectáreas de terreno del entorno de la central hidroeléctrica El Guarda (Canal del Taibilla), hasta el punto kilométrico 9 de la carretera N-340a. Literalmente, en apenas una década transformó el paisaje, hasta tal punto que en los lugares citados prácticamente nos trasladaba a México central.
José Antonio López Espinosa